Zooarqueología y Tafonomía

La Zooarqueología como disciplina pretende establecer las relaciones que existen entre los grupos humanos y los animales, estableciendo el carácter y significado de las piezas esqueléticas que aparecen en los yacimientos.

Los homínidos, al igual que otros predadores, acumulan restos de sus presas en refugios temporales o en lugares referenciales (campamentos o cubiles). El estudio de estas acumulaciones, de sus pautas de formación, naturaleza y composición, constituye una base fundamental para conocer el comportamiento humano del pasado. No obstante, persisten muchos problemas de difícil solución por la dificultad de los procesos de formación y conservación de las muestras, que se sitúan tanto a nivel metodológico como de interpretación y que entrarían en el marco de la Tafonomía. La búsqueda de alternativas ha conducido a establecer vínculos con distintas disciplinas como la propia Tafonomía, la Paleontología, la Paleoecología, la Etnoarqueología, la Zoología y la Etología, entre otras.

Desde un punto de vista zooarqueológico es posible inferir a partir del registro faunístico las estrategias de subsistencia de los grupos humanos que habitaron la Cova del Bolomor. Para realizar una aproximación, es necesario centrar la atención en varios elementos:

1) La representación anatómica de los taxones identificados
2) La edad de muerte de estos animales
3) El tipo y la localización de las señales del procesamiento de los cadáveres, ya sean de origen antrópico (marcas de corte y elementos diagnósticos de la fracturación antrópica) o producidas por los carnívoros (mordeduras y fracturas)
4) Superposición de marcas

La principal característica destacable del conjunto faunístico de Bolomor es la representación anatómica sesgada de los animales según su talla de peso. Sólo los animales con tallas de peso muy pequeñas (inferiores a unos 20 kg) muestran una integridad generalizada de sus elementos esqueléticos. Por el contrario, los animales con pesos superiores están representados fundamentalmente por el esqueleto apendicular (huesos de las extremidades) y por el esqueleto craneal (cráneo y mandíbula). Sin embargo, los elementos que componen el esqueleto axial (vértebras y costillas) están prácticamente ausentes. Este fenómeno responde a un transporte diferencial de las carcasas por parte de los homínidos y se conoce con el nombre de “Schleep effect”. Según se ha podido evidenciar, los homínidos de la Cova del Bolomor trasladan los elementos con mayor contenido nutricional al enclave y abandonan las partes menos ricas y difíciles de acarrear (caja torácica) en el lugar de obtención o Kill site.

Series experimentales de procesamiento. Inicio de despellejamiento en el cráneo con herramienta de sílex.

Series experimentales de procesamiento. Inicio de despellejamiento en el cráneo con herramienta de sílex.

Además de esta selección anatómica, existen más evidencias que demuestran la relación sistemática de estos grupos humanos con la fauna. Éstas son: las marcas de corte sobre la superficie ósea, la fracturación de los huesos para la obtención de la médula, las mordeduras humanas y la cremación.

Durante los procesos de carnicería es frecuente que se produzcan señales sobre la superficie de los huesos con los instrumentos líticos. Estas estrías se conocen como marcas de corte o cut marks. El estudio de la posición, delineación y dirección de estas trazas permiten reconocer las actividades que las produjeron: despellejamiento, evisceración, descuartizamiento, descarnación y desarticulación de los huesos. No obstante, la carne no sólo es extraída mediante el uso de herramientas líticas. También los dientes son utilizados para la descarnación y el aprovechamiento de médula, grasa y/o cartílago de pequeños animales como los conejos, las aves y las tortugas.

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a) marcas de corte sobre una tibia de conejo (Oryctolagus cuniculus) del subnivel XVIIc (Blasco y Fernández Peris, in press); b) marcas de corte sobre una tibia de cisne (Cygnus olor) del nivel XII (Blasco y Fernández Peris, 2012); c) marcas de corte sobre un fémur de ciervo común (Cervus elaphus) del subnivel XVIIc (Blasco, 2011); d) marcas de corte sobre una mandíbula de conejo (Oryctolagus cuniculus) del subnivel XVIIc (Blasco y Fernández Peris, in press); e) marcas de corte sobre restos de tortuga (Testudo hermanni) del nivel IV (Blasco 2008); f) marcas de corte sobre un hueso largo de un animal de talla grande del nivel IV (Blasco, 2011).

La presencia de marcas de evisceración en algunos restos óseos, el predominio de incisiones oblicuas y longitudinales en las diafísis de los huesos largos (elementos esqueléticos que componen las extremidades) y la reiteración sistemática de partes anatómicas con un alto contenido nutricional muestran que la principal estrategia de subsistencia entre los homínidos de la Cova del Bolomor es la caza. Esta práctica engloba desde la caza simple hasta las técnicas cinegéticas más complejas, como por ejemplo, la predación múltiple identificada en el nivel XII de la secuencia estratigráfica del yacimiento. Otro de los elementos que refuerza la práctica de técnicas cinegéticas, es la presencia mayoritaria de individuos adultos. Los animales sanos y fuertes son los adultos y los principalmente cazados. Los inmaduros o seniles, que no se encuentran en plenas facultades, constituyen una presa fácil para los carnívoros, un potencial indicador de accesos secundarios para los grupos humanos.

Otra actividad relacionada con el procesamiento antrópico de los animales es el uso del fuego. Muchos de los restos óseos recuperados en el yacimiento presentan señales de haber sido tratados térmicamente. Esto puede responder principalmente a dos fenómenos diferentes: actividades culinarias y/o cremación de los restos una vez abandonados, ya sea de forma accidental o intencionalmente. En el caso de Bolomor, se han recuperado dobles coloraciones sobre la misma superficie ósea que sugieren la preservación diferencial de la carne en el momento de su exposición al fuego y por tanto, nos permiten sugerir la existencia principal el asado de la carne antes de que el hueso sea descarnado.

Series experimentales de combustión. Asado de carne. 

Series experimentales de combustión. Asado de carne.

Cremación diferencial de algunos restos óseos del nivel IV (Blasco y Fernández Peris, in press)

Cremación diferencial de algunos restos óseos del nivel IV (Blasco y Fernández Peris, 2012)

Una de las características más importantes de los conjuntos faunísticos de la Cova del Bolomor es el grado de fragmentación de los restos óseos. Esta fragmentación es debida en gran parte, a la fracturación antrópica intencional de los huesos para la obtención de la médula. Los grupos humanos que ocupan el enclave rompen los huesos en estado fresco mediante la técnica de la percusión directa, que consiste en golpear un elemento esquelético con un percutor pétreo. Muestra de esta actividad es la gran cantidad de elementos diagnósticos identificados, como los impactos de percusión, los estigmas, los contragolpes y las lascas óseas.

Series experimentales de fracturación por percusión directa.

Series experimentales de fracturación por percusión directa.

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a) impactos de percusión sobre caparazones de tortuga (arriba) y fragmentos resultantes en forma de lascas y conos de percusión (abajo) del nivel IV (Blasco, 2008); b, c) impacto de percusión sobre un húmero de de ciervo del nivel IV (Blasco, 2011).

Posteriormente al aprovechamiento de los nutrientes internos, los huesos pueden ser aprovechados como materia prima para iniciar cadenas operativas de producción. En Bolomor, sólo de forma puntual, algún elemento resultante de la fracturación antrópica es utilizado como percutor blando. En el caso del subnivel XVIIa, el mismo elemento utilizado como percutor es también configurado intencionalmente.

Fémur de ciervo del subnivel XVIIa con señales de su utilización como percutor blando (izq.) y con modificaciones antrópicas intencionales en forma de muescas contínuas y superpuestas (der.) (Blasco, 2011).

Fémur de ciervo del subnivel XVIIa con señales de su utilización como percutor blando (izq.) y
con modificaciones antrópicas intencionales en forma de muescas continuas y superpuestas (der.) (Blasco, 2011, Blasco et al. 2013).

Por último, los restos faunísticos son abandonados por todo el espacio ocupado y configuran un foco de atracción para carnívoros merodeadores de la zona.  Así, se ha identificado la acción ocasional de estos animales, los cuales alteran el conjunto, introduciendo algunos elementos puntuales bien mediante el transporte, defecación o regurgitación, sesgándolo o modificando su distribución espacial. Aparte de los mamíferos carnívoros, también se ha observado la acción puntual de rapaces sobre parte marginal del conjunto de conejos.

Marcas de dientes de carnívoros en forma de depresiones sobre restos óseos del subnivel XVIIc: a) depresiones sobre una diáfisis de hueso largo atribuido a la talla media; b) depresiones sobre un fragmento vertebral atribuido a talla media (Blasco, 2011).

Marcas de dientes de carnívoros en forma de depresiones sobre restos óseos del subnivel XVIIc: a) depresiones sobre una
diáfisis de hueso largo atribuido a la talla media; b) depresiones sobre un fragmento vertebral atribuido a talla media (Blasco, 2011).

Una vez que finaliza la fase nutritiva de los huesos, una serie de agentes y procesos tanto de naturaleza biológica como mecánica actúan sobre el conjunto antes del enterramiento y posteriormente al mismo. El estudio de estos entra dentro del marco de la Tafonomía y aporta datos fundamentales para conocer la historia del enclave y para reconstruir las condiciones existentes durante su proceso de formación.

Las alteraciones post-deposicionales más abundantes en Bolomor están relacionadas de forma principal con la presencia de agua y luz en la cavidad. Así, se han recuperado puntualmente restos óseos con alteraciones producidas por la exposición a los agentes atmosféricos o weathering, la acción de las raíces en forma de surcos ramificados o vermiculaciones y de forma más acusada, la presencia de concreciones y manganesos.

Alteraciones óseas post-deposicionales: a) diáfisis de hueso largo atribuido a un animal de talla grande alterado por la acción de los agentes atmosféricos (weathering); b) erosión por acción de raíces en forma de surcos y vermiculaciones sobre un hueso largo de un animal de talla media; c) vermiculaciones subactuales sobre una mandíbula de ciervo común (Cervus elaphus); d) manganesos generalizados sobre un húmero de ciervo común (Cervus elaphus) (Blasco, 2011).

Alteraciones óseas post-deposicionales: a) diáfisis de hueso largo atribuido a un animal de talla grande alterado por la acción de los agentes atmosféricos (weathering); b) erosión por acción de raíces en forma de surcos y vermiculaciones sobre un hueso largo de un animal de talla media; c) vermiculaciones subactuales sobre una mandíbula de ciervo común (Cervus elaphus); d) manganesos generalizados sobre un húmero de ciervo común (Cervus elaphus) (Blasco, 2011).

A partir de estas modificaciones, la cavidad tal y como la conocemos actualmente, mostraría suelos de ocupación húmedos con pulsaciones acusadas que se traducirían en un ambiente cambiante de más seco a más húmedo en ocasiones puntuales.

De forma general, la fauna de la Cova del Bolomor se caracteriza por un alto grado de antropización. La representación esquelética, las marcas de corte, la fracturación, el tratamiento térmico de los huesos y la presencia de mordeduras humanas indican el desarrollo de secuencias completas de aprovechamiento de los animales por parte de los homínidos que ocuparon el enclave, y permiten señalar a los grupos humanos como los principales responsables de las acumulaciones faunísticas en el yacimiento.

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