Los campamentos

Las estrategias de ocupación en la segunda mitad del Pleistoceno medio e inicios del superior destacan de forma general por la alta movilidad de los grupos humanos. Este tipo de movilidad es entendida como la realización de movimientos itinerantes o migratorios y recurrentes, vinculados a la explotación de los recursos naturales del territorio. Este patrón, por tanto, condicionaría la duración de las ocupaciones en los diferentes lugares de hábitat documentados en los yacimientos arqueológicos.

Representación de un campamento de la "Edad de Piedra", según Louis Figuier en l'Homme primitif 1864.

Representación de un campamento de la “Edad de Piedra”, según Louis Figuier en “l’Homme primitif” 1864.

Aunque se han localizado lugares de ocupación al aire libre, los medios kársticos constituyen un lugar preferente de elección para los grupos humanos de estas cronologías. Las cuevas o los abrigos, proporcionan importantes ventajas ya que conforman resguardos o refugios de protección frente a las inclemencias climáticas. Las características morfológicas de las cavidades y su proximidad a los principales recursos económicos son determinantes en la elección del emplazamiento.

Los procesos de formación sedimentaria de los yacimientos en cueva pueden ser tremendamente complejos. Estos procesos, a menudo presentan tasas de enterramiento lentas o periodos de estasis sedimentaria, que dan lugar a la formación de palimpsestos (varios conjuntos fósiles procedentes de diferentes ocupaciones humanas con apariencia uniforme en una misma unidad arqueológica), los cuales impiden a priori la distinción o el aislamiento de cada una de las ocupaciones de origen antrópico. A pesar de esto, existen mecanismos que ayudan a realizar una aproximación individualizada de estas ocupaciones, como es la distribución arqueoestratigráfica (vertical) de los restos coordenados o la aplicación de un sistema de remontajes.

Las ocupaciones humanas desarrolladas en un yacimiento arqueológico pueden identificarse mediante el empleo del denominado “análisis arqueoestratigrafico”, entendido este como el estudio de las unidades de resolución estratigráfica y temporal de los materiales arqueológicos en el seno de los niveles sedimentológicos del yacimiento. Este análisis relaciona los materiales arqueológicos con su ubicación secuencial buscando la asociación o concentración mayor de los mismos en paquetes frente a su ausencia en lechos estériles. Para ello, se reconstruye mediante software informático el emplazamiento original de cada uno de los restos arqueológicos recuperados en la excavación, analizándose el conjunto mediante secciones que permiten identificar fases de desocupación humana de la cavidad y delimitar las de ocupación existentes en la misma.

Distribución arqueoestratigráfica mediante software del registro fósil del nivel IV de la Cova del Bolomor.

El estudio arqueoestratigráfico realizado en el sector occidental de la Cova del Bolomor, entre los niveles I y XII de la secuencia estratigráfica, ha permitido identificar al menos nueve fases de desocupación claras, que delimitan diez niveles de ocupación de la cavidad, con una cronología comprendida entre los 100.000 y 180.000 años antes del presente. Estos niveles de ocupación señalan el uso reiterado de la cavidad y evidencian la presencia de uno o varios campamentos recurrentes en el mismo espacio durante un determinado tiempo. Su individualización o separación es el principal objetivo del análisis arqueoestratigráfico como punto de partida para otros estudios que permitan reconstruir en conjunto las características de la ocupación humana.

Distribución arqueoestratigráfica de los niveles I a XII de Bolomor. Las líneas marcan discontinuidades estériles entre paquetes con material arqueológico.

Distribución arqueoestratigráfica de los niveles I a XII de Bolomor. Las líneas marcan discontinuidades estériles entre paquetes con material arqueológico.

Las fases de desocupación identificadas en los niveles I a XII coinciden principalmente con los cambios sedimentológicos observados en la secuencia estratigráfica, salvo en el caso de los niveles I, IV y XII, que presentan además una desocupación dentro del propio nivel sin este cambio geológico.

Distribución arqueoestratigráfica de los niveles I a XII sobre el perfil estratigráfico del Sector Occidental.

Distribución arqueoestratigráfica de los niveles I a XII sobre el perfil estratigráfico del Sector Occidental.

Distribución arqueoestratigráfica de los niveles I a XII sobre el perfil estratigráfico del Sector Occidental.

Distribución arqueoestratigráfica de los niveles I a XII sobre el perfil estratigráfico del Sector Occidental.

A partir de estos estudios arqueoestratigráficos y su relación con otras disciplinas, como el análisis de la industria lítica y del material faunístico procedente de cada unidad, se han observado diferencias significativas en el patrón ocupacional de los grupos humanos que habitaron la Cova del Bolomor a lo largo de su secuencia estratigráfica:

Las ocupaciones humanas de hace 120.000 años, el nivel IV

Las ocupaciones de la parte superior de la secuencia de Bolomor en general, y del nivel IV en particular, se caracterizan por contar con una densidad elevada de restos arqueológicos, que asciende en este nivel a 6442 restos arqueológicos por m3. La tasa de sedimentación es muy alta, lo que señala una formación del nivel durante un periodo relativamente corto de tiempo desde el punto de vista geológico. Este hecho ha sido contrastado por la sedimentología, el análisis tafonómico de la fauna, en el que apenas se ha documentado la presencia de weathering (alteraciones óseas generadas por la exposición prolongada a los agentes atmosféricos), y desde la perspectiva de los estudios espaciales realizados en el nivel IV.

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Distribución espacial a nivel horizontal de los restos alterados por la acción de los agentes atmosféricos dentro del registro faunístico coordenado del nivel IV.

 El análisis arqueoestratigráfico del nivel IV señala la existencia de dos fases de ocupación bien definidas (CBIV-1 y CBIV-2), identificadas en la segunda de ellas, cuatro estructuras de combustión que articulan el espacio y el desarrollo de las actividades asociadas. Las fases de ocupación, a pesar de mostrar una alta relación temporal, son fruto de un uso reiterado de la cavidad por los grupos humanos, con la presencia de varias ocupaciones de cierta continuidad temporal y alta recurrencia en el uso de los espacios.
Situación de los restos líticos y faunísticos que forman un área de actividad en relación a los hogares del nivel IV

Situación de los restos líticos y faunísticos que forman un área de actividad en relación a los hogares del nivel IV

A lo largo de la formación del nivel IV no se han identificado elementos que indiquen periodos de desocupación largos. La escasa incidencia de carnívoros y la distribución arqueoestratigráfica y espacial de los restos intervenidos por estos corroboran este fenómeno. Se debe tener en cuenta que la presencia de carnívoros es incompatible con la de los grupos humanos y por tanto, las modificaciones generadas por ellos indican periodos de desocupación humana en el enclave. La distribución vertical de los restos modificados por estos predadores en el nivel IV no muestra agrupaciones lineales que permitan inferir periodos relativamente largos de desocupación humana. Tampoco se han recuperado aquellos elementos que caracterizan la presencia de cubiles o refugios y que sugieran por tanto, la permanencia de carnívoros en el enclave. Los restos alterados se distribuyen de forma dispersa a lo largo de todo el paquete sedimentario. En este sentido, es posible inferir periodos intermitentes de ocupación humana que se alternan con breves intrusiones de carnívoros.

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Distribución horizontal de los restos faunísticos alterados por carnívoros del nivel IV.

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Distribución vertical de los restos faunísticos alterados por carnívoros del nivel IV.

Tanto los estudios zooarqueológicos como la industria lítica evidencian este carácter duradero y reiterado de las ocupaciones del nivel IV. Los restos óseos recuperados en este nivel señalan la existencia de un amplio espectro de especies, un total de 30, con características etológicas muy diferentes. Este hecho podría indicar una permanencia humana en el enclave, lo que supondría un mayor dominio del entorno y permitiría la ampliación del espectro de presas potencialmente capturables. Esta diversidad específica también puede relacionarse con el desarrollo de varias estrategias de obtención de recursos, mediante el empleo de técnicas cinegéticas, sistemas de captación en masa de pequeñas presas y la práctica de accesos secundarios, de forma puntual. Así mismo, se observa una elevada sistematización en el procesamiento antrópico de los animales, tanto de los recursos externos como internos, probablemente ligada a estas ocupaciones duraderas, en las que el grupo compartiría el modo de actuar sobre estos recursos.

Por otro lado, la incorporación sistemática de pequeñas presas como recurso alimenticio ha sido relacionada por diversos autores con una reducción del patrón de movilidad territorial. En este sentido, la abundancia y diversidad de pequeñas presas en el nivel IV es superior a la identificada en otros niveles del yacimiento. En base a esto, no es extraño pensar que la ampliación de la dieta documentada en este nivel pueda responder también a una mayor estabilidad ocupacional.

La industria lítica destaca por una selección de materias primas de mejor calidad, principalmente sílex, y una reducción porcentual de las materias primas secundarias como caliza y cuarcita, frente a lo observado en las ocupaciones mas antiguas del yacimiento, hecho que estaría directamente relacionado al carácter mas duradero de las ocupaciones y al menor impacto de actividades expeditivas, vinculadas a visitas esporádicas a la cavidad. El conjunto de la industria destaca por presentar una intensa reutilización y reciclaje, que da lugar a un utillaje de muy pequeño formato, debido al continuo reavivado y transformación del mismo. Este proceso también estaría ligado a una elevada intensidad ocupacional, que conduce al máximo aprovechamiento de las materias primas transportadas al yacimiento e incluso a la reutilización de las existentes en el propio yacimiento pertenecientes a ocupaciones anteriores.

El análisis espacial del nivel IV ha sido realizado de modo individualizado sobre las unidades CBIV-1 y CBIV-2, identificadas a partir del análisis arqueoestratigráfico. Este estudio señala la existencia en ambas unidades de una estructuración compleja del espacio, como reflejo de la organización espacial y social del campamento. En estas ocupaciones se observa una marcada diferenciación entre el espacio exterior e interior del abrigo, escogiendo los grupos humanos la zona protegida por la visera del abrigo para la instalación del campamento y descartando la exterior, que queda supeditada a actividades muy expeditivas. En el caso de la ocupación CBIV-2 los hogares se emplazan coincidentes con la línea de visera del abrigo, quedando la zona ocupada al resguardo de esta y delimitada por los hogares.

En ambas unidades se han identificado áreas de actividad en las que se realizan diferentes actividades domésticas, como el procesado y consumo de los animales o la elaboración del utillaje. Estas áreas de actividad no están únicamente relacionadas a un proceso concreto, sino que se trata de áreas multifuncionales, en las que se realiza todo tipo de acciones asociadas a la ocupación. En el caso de la unidad CBIV-2, el área de actividad está asociada a los hogares, en torno a los cuales se han procesado animales para su consumo, fracturando los huesos largos para la obtención de la médula y se han configurado útiles líticos en la misma. Así, se han registrado evidencias arqueológicas de procesamiento antropogénico en forma de marcas de corte relacionadas con diferentes estadios de la cadena operativa (despellejamiento, evisceración, decuartizamiento, descarnación, desarticulación y raspado del periostio) sobre carnívoros como zorros (Vulpes vulpes) o leones (Panthera leo), ungulados de diferentes tamaños como ciervos (Cervus elaphus), tares (Hemitragus cedrensis), caballos (Equus ferus y Equus hydruntinus), jabalís (Sus scrofa), hipopótamos (Hippopotamus amfhibius) y bóvidos (Bos primigenius) o en animales de pequeño tamaño como conejos (Oryctolagus cuniculus) y tortugas (Testudo hermanni) y sobre restos de aves como anátidas (Aythya sp. y Anas sp.) o palomas (Columba sp.), entre otras.

Han sido identificados también elementos diagnósticos de fracturación intencional con el objetivo de extraer la médula ósea de los huesos, como conos de percusión, lascas óseas e impactos de percusión. Estos elementos aparecen en mayor medida sobre animales de talla mediana como el ciervo. La distribución espacial de los conos de percusión y lascas óseas, muestra una concentración de estos elementos en la zona mas próxima a los hogares, lo que podría relacionarse con actividades de procesado y consumo, en las que se emplearía el fuego para cocinar los alimentos.

Distribución espacial a nivel horizontal de los restos alterados por la acción de los agentes atmosféricos dentro del registro faunístico coordenado del nivel IV.

Restos faunísticos con evidencias de fracturación intencional en relación a los hogares. Unidad CBIV-2.

Las actividades vinculadas a la elaboración del utillaje lítico, también asociadas a la disposición de los hogares y coincidentes espacialmente con las actividades de procesamiento faunístico, ocupan una mayor extensión que estas últimas. Las mayores concentraciones de restos se localizan en el espacio más próximo a los hogares y en las zonas inmediatamente anejas a estos.

La distribución de los elementos de menor tamaño en estas zonas, refuerza la hipótesis de una buena conservación in situ del conjunto, con la presencia de áreas en las que se han realizado actividades de elaboración de utillaje, así como su transformación y reavivado. Los núcleos documentados, presentan un avanzado grado de agotamiento y en algunos casos han sido reutilizados como útiles y posteriormente abandonados en el lugar de uso. Esta concentración de elementos líticos de pequeño tamaño, junto al emplazamiento de los núcleos agotados y la presencia de percutores, nos permite identificar un área en la que se ha elaborado utillaje, próxima a los hogares y probablemente vinculada a otras actividades, como el procesado de los animales.

Restos líticos coordenados (elementos de explotación) con evidencias de fracturacion intencional en relación a los hogares. Unidad CBIV-2.

Restos líticos coordenados (elementos de explotación) con evidencias de fracturacion intencional en relación a los hogares. Unidad CBIV-2.

La identificación de tres remontajes líticos en esta área, que establecen líneas de conexión muy próximas (menores a un metro), refuerzan la hipótesis de la buena conservación del conjunto estudiado. Estos remontajes de corta distancia están ubicados en las zonas con mayor concentración de restos líticos de pequeño tamaño y descritas anteriormente como áreas de talla.

Los datos aportados por los diferentes estudios realizados en el nivel IV han permitido reconstruir las características principales de sus campamentos y su patrón ocupacional, basado en el establecimiento de ocupaciones duraderas, que probablemente se reiteran espacial y temporalmente. Estos campamentos se organizan en la cavidad siguiendo patrones complejos, vinculados al desarrollo de actividades cotidianas en áreas delimitadas y asociadas al uso y ubicación del fuego, similares a los observados en poblaciones neandertales de cronología más moderna.

Las ocupaciones humanas de hace 150.000-200.000 años, el nivel XI

Los lugares de hábitat pueden ser ocupados durante un largo periodo de tiempo o por el contrario, caracterizarse por su brevedad temporal. Como ya se ha mencionado anteriormente, esto es una cuestión compleja en la que los procesos de formación sedimentaria a menudo dificultan la distinción de unidades o eventos ocupacionales que conforman el nivel arqueológico. En esta línea, la documentación de campo realizada durante los procesos de excavación del nivel XI ha permitido desarrollar proyecciones verticales (todos los restos han sido coordenados con independencia de su tamaño) que, a la espera de un análisis arqueoestratigráfico completo y de un plan sistemático de remontajes, ha permitido aislar unidades ocupaciones dentro de este paquete sedimentario.

Distribución vertical de los restos faunísticos coordenados del nivel XI: a) sección E-W; b) seccion N-S. Las líneas discontinuas marcan el lecho estéril de separación entre ambas unidades arqueoestratigráficas.

Distribución vertical de los restos faunísticos coordenados del nivel XI: a) sección E-W; b) seccion N-S. Las líneas discontinuas marcan el lecho estéril de separación entre ambas unidades arqueoestratigráficas.

La ratio de sedimentación identificada en este nivel es elevada y por ello, el enterramiento de los restos se ha realizado con relativa rapidez, impidiendo la formación de weathering y preservando de forma aproximada la posición original de los restos. Tan solo en zonas concretas localizadas bajo la línea de cornisa, se ha registrado un ligero movimiento de las piezas fruto del goteo intermitente que formaría pequeños gours o embalses, modificando las orientaciones y sobre todo las pendientes de algunos fósiles (a nivel vertical). No obstante, estos fenómenos no producirían corrientes hídricas que provocasen removilizaciones importantes del material, ya que no se ha documentado la presencia de abrasiones en forma de redondeos o pulidos consecuentes de esta actividad. Con todo ello, la distribución vertical en algunos puntos del área excavada advierte de la existencia de al menos dos unidades ocupacionales. En otros puntos de la superficie de excavación, este hecho no es observable o queda más difuminado debido a los procesos de compactación, dilatación y presión de los sedimentos que desembocan en pequeños palimpsestos.

Pero, estas unidades ocupacionales podrían estar compuestas a su vez por uno o varios eventos cada una. Partiendo de esta idea, la distribución vertical de las modificaciones generadas por carnívoros parece coincidir con el final de ambas unidades. Este fenómeno sugiere, por tanto, la existencia de como mínimo dos momentos de desocupación humana.

Distribución vertical de los restos faunísticos coordenados procedentes del nivel XI con evidencias de la actuación de carnívoros: a) seccion N-S; b) seccion E-W

Distribución vertical de los restos faunísticos coordenados procedentes del nivel XI con evidencias de la actuación de carnívoros: a) sección N-S; b) sección E-W

Desde el punto de vista faunístico, la permanencia en un enclave podría favorecer la amplitud en la explotación de los recursos faunísticos y por tanto, traducirse en una alta diversidad específica en el conjunto arqueológico. Sin embargo, en el nivel XI no se ha registrado un amplio rango de taxones que permitan plantear esta posibilidad (12 especies). Del mismo modo y en relación a este fenómeno, tampoco se ha observado el desarrollo de varias técnicas de aprovisionamiento de los animales. El principal modo que tienen los homínidos del nivel XI de obtener recursos animales es a través de técnicas cinegéticas.

Para algunos autores, la presencia de estructuras de combustión es una evidencia más para establecer una cierta estabilidad temporal durante las ocupaciones en los yacimientos arqueológicos. Sin embargo, algunos grupos de cazadores-recolectores actuales instalan hogares no sólo en los campamentos base, sino también en lugares de ocupación muy breve, como por ejemplo los altos de caza o los lugares de residencia temporal donde tan solo pueden pasar unos días. Siguiendo estas evidencias, las estructuras de combustión documentadas en el nivel XI, podrían responder tanto a una permanencia ocupacional importante como a un asentamiento de corta duración temporal. No obstante, la existencia de cierta variabilidad en el procesamiento de los ungulados, junto a una diversidad específica limitada, el desarrollo principal de una técnica de aprovisionamiento y un volumen de material relativamente bajo, permite decantarnos por un tipo de ocupación caracterizado por la brevedad temporal.

La brevedad de las ocupaciones humanas en el nivel XI es reforzada por los estudios sobre la industria lítica que muestran un marcado descenso en los núcleos y percutores frente a otros niveles (XII), al igual que un mayor número de elementos producidos. Esta circunstancia apuntaría hacia una mayor representación de las fases finales de la cadena operativa de la industria lítica. Desde esta perspectiva, el conjunto industrial del nivel XI permite inferir la presencia de ocupaciones breves claramente diferenciadas de los tipos de asentamientos documentados de los niveles superiores de la secuencia que presentan una mayor duración y complejidad en sus actividades (niveles I a V).

Por su parte, los niveles XII-VII presentan industria lítica principalmente realizada en caliza, con numerosos núcleos y percutores, un muy bajo número de restos de debitado y una configuración y transformación muy altas. El utillaje está compuesto por denticulados, raederas laterales y desviadas en sílex, cuchillos de dorso, lascas con retoque y macroutillaje calcáreo denticulado. En las ocupaciones del nivel XII, se elaboran lascas de filo en caliza sin apenas retoque para un uso corto e inmediato. La entrada de sílex en las ocupaciones de los niveles VI-VIII hace aumentar los productos de debitado pero con fuerte descenso de la transformación (útiles retocados). Estos niveles se consideran ocupaciones de tipo “altos de caza” breves o muy breves -tal vez entre primavera y verano como indican algunos elementos de estacionalidad recuperados en el nivel XII- con actuaciones cinegéticas más o menos selectivas y en ocasiones, oportunistas. La actividad cinegética está centrada en el ciervo (Cervus elaphus) y especialmente en el caballo en el caso del nivel XII, y de forma complementaria, en el tar y el uro. La explotación de los biotopos se desplaza principalmente a la llanura (caballo y uro), aunque los taxones ubicuistas siempre están presentes.

Las ocupaciones humanas de hace 350.000 años, el nivel XVII

El nivel XVII de la Cova del Bolomor es el más antiguo de la secuencia estratigráfica del yacimiento con registro fósil antrópico. En base a criterios sedimentológicos se ha sido dividido en tres subniveles: XVIIa, XVIIb y XVIIc. De estos tres, XVIIb está caracterizado por ser un tramo arqueológicamente estéril que separa el XVIIa y XVIIc en dos unidades arqueológicas diferentes. En este sentido, el material arqueológico recuperado queda bien delimitado en dos conjuntos diferentes.

Distribución vertical de los restos coordenados procedentes del nivel XVII de la Cova del Bolomor, sección E-W y N-S.

Distribución vertical de los restos coordenados procedentes del nivel XVII de la Cova del Bolomor, sección E-W y N-S

Para abordar la durabilidad de estas ocupaciones, es necesario tener en cuenta diversos elementos. Uno de ellos es el volumen de material recuperado en relación a la tasa de sedimentación. En el caso del nivel XVII, esta relación no presenta valores elevados para ninguno de los subniveles. Por otro lado, la presencia de modificaciones generadas por carnívoros y rapaces permite inferir la existencia de periodos intermitentes de desocupación humana que parecen acentuarse cuando finaliza la acumulación arqueológica del subnivel XVIIc. Del mismo modo, en el subnivel XVIIa se producen periodos intermitentes de abandono de la cavidad por parte de los homínidos, que son aprovechados por predadores no humanos. Estos periodos de desocupación antrópica no serían frecuentes ni prolongados debido a la baja proporción de alteraciones generadas por carnívoros, a su alta dispersión arqueoestratigráfica y a la ausencia de elementos característicos de cubiles u ocupaciones de larga duración.

Distribución arqueoestratigráfica de los restos faunísticos coordenados procedentes del nivel XVII del Bolomor: XVIIc (imagen superior) y XVIIa (imagen inferior).

Distribución arqueoestratigráfica de los restos faunísticos coordenados procedentes del nivel XVII del Bolomor: XVIIc (imagen superior) y XVIIa (imagen inferior).

Si partimos de que la permanencia humana en un enclave permite un mayor dominio del entorno y por tanto, una mayor amplitud no sólo de los recursos sino también de las técnicas de obtención, el nivel XVII no presenta una elevada diversidad de taxones (XVIIc 12 especies y XVIIa 16 especies) ni de métodos de captación. Las técnicas cinegéticas son las estrategias de aprovisionamiento mayoritarias tanto en el subnivel XVIIa como en el XVIIc. Por consiguiente, es posible que esta limitación pueda responder a dinámicas ocupacionales de menor recorrido temporal. A pesar de ello, se debe tener en cuenta que la captura de pequeñas presas, aunque podrían haber sido obtenidas de forma individual, también requeriría el desarrollo de métodos diferentes de captación (sobre todo en el caso de las aves).

Dada las reducidas dimensiones del área excavada, no ha sido posible valorar el grado de complejidad ocupacional mediante la distribución espacial en el nivel XVII. Sin embargo, los datos proporcionados por la industria lítica parecen decantarse por una dinámica ocupacional principal. Asi la materia prima (sílex, caliza y cuarcita) es la más diversificada de la secuencia, con proporción de núcleos de sílex, restos de debitado y una configuración y transformación altas. El utillaje está compuesto por raederas laterales y desviadas en sílex, denticulados en cuarcita, lascas con filos opuestos a córtex y presencia de macroutillaje denticulado en caliza. La presencia de estos elementos y sus frecuencias relativas sugieren unas ocupaciones humanas menos prolongadas y menos intensas que las identificadas en los niveles superiores de la secuencia estratigráfica del yacimiento, y más concretamente con las observadas en el nivel IV.

Distribución horizontal del material arqueologico recuperado en el proceso de excavación del nivel XVII (dibujo M. Vicente)

Distribución horizontal del material arqueológico recuperado en el proceso de excavación del nivel XVII (dibujo M. Vicente)

Valoraciones

El acceso al conocimiento sobre las actividades humanas, posiblemente sea uno de los aspectos más atrayentes, ya que nos descubre nuestro pasado remoto y supone el objetivo principal de toda investigación prehistórica. A través del estudio arqueológico de diversas disciplinas se intenta reconstruir los procesos y vivencias del pasado.

Las actividades cinegéticas en Bolomor son las de mayor entidad y protagonismo en las conductas económicas vinculadas a la subsistencia de los grupos humanos. Lejos de ser unos procesos simples, conforme avanza la investigación se demuestra una gran riqueza, intensidad y complejidad en el comportamiento humano de estos momentos. Las actividades de recolección de frutos y vegetales también debieron ser importantes como demuestran algunos estudios de isótopos estables, funcionalidad y análisis de cálculo dental de la bibliografía científica actual.

Los grupos humanos de estas cronologías son principalmente itinerantes, desarrollando circuitos migratorios de explotación de los territorios que ocupan durante la marcha. En Bolomor al menos se han registrado más de un centenar de estas ocupaciones que consisten en utilizar la cueva como lugar de hábitat (campamento o refugio temporal) para desarrollar actividades variadas en el territorio circundante. En estas ocupaciones se desarrollan actividades complejas ligadas a los procesos de caza, recolección, consumo de alimentos, talla de herramientas líticas, elaboración de estructuras de combustión, etc. Estos grupos poseían un número de individuos suficientemente amplio como para permitir su subsistencia y la realización de estrategias tan complejas como las predaciones múltiples identificadas sobre los caballos del nivel XII.

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